Negras raíces de la cultura en Alicante

JAVIER TOMÁS | REA nº 13 | Publicado en Octubre de 2014

Aquí hay cada vez más gente que despierta del sueño de burdeles televisados, de entretenimiento para inconscientes y faltos de crítica, esa extraña capacidad de plantearse que no todo es lo que parece, que puede que detrás de cada mano tendida haya un puñal escondido…

Noche y montañas de Alicante. Foto de Javier Tomás.

Noche y montañas de Alicante. Foto de Javier Tomás.

Ahora que las máquinas ya son prácticamente inteligentes, a un pequeño grupo de personas les da por no pensar. De un plumazo, borran de su vista el color de la sangre derramada, los miles de destellos de las lágrimas de todos aquellos que, con la garganta seca, la piel mojada por la lluvia y el estómago vacío, sucumben a los caprichos de esta piara de dementes que infligen con odio un dolor que no reconocen.
Con desmesurada desidia, con la luz de la estupidez asomando a sus pupilas —pozos hondos, vacíos, repletos de la mentira más profunda, del ignorarlo todo— extienden la mano y recogen los frutos podridos de sus actos. La mano se esconde y se culpa al de al lado, se le hunde y se le humilla y se le llena la boca de barro; que muera, que muera, que el mismo color no importa cuando se habla de locura.
Intentos prehistóricos teñidos de una maldad soez, del color de la estrategia más burda, fracasan cuando salen a la luz, al mundo de la realidad compartida por toda esta mayoría de la que no pueden formar nunca parte. Como una enfermedad que pudre y descompone el organismo, extienden sus negros tentáculos y abarcan hasta lo más privado, desgarrando la felicidad que no les corresponde, que ni les alcanza porque no la pueden comprender. Miradas que no ven un más allá que les demuestre su incapacidad para ser humanos. Intentos, por otra parte, que quedan destruidos bajo el sol de la verdad, de la única y auténtica, no de la surgida de esa fábrica de mentiras y engaños.
Aquí hay cada vez más gente que despierta del sueño de burdeles televisados, de entretenimiento para inconscientes y faltos de crítica, esa extraña capacidad de plantearse que no todo es lo que parece, que puede que detrás de cada mano tendida haya un puñal escondido. Ahora que somos desconfiados, intentad lo que os apetezca, que lo veré desde mi sillón; miles de voces anónimas, millones quizá en algún tiempo, desagarrarán vuestros oídos y os harán sangrar todo lo que habéis provocado. Hoy, a oscuras, empezáis a ver que no sois tanto, que en realidad sois muy, muy pocos los de la casta turbadora.
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