Revistas culturales alicantinas: del culturicidio a REA

ANTONIO MORATÓN | REA nº 1 | Publicado en Octubre de 2013

Cuando pensamos en crear una revista cultural en un momento en el que, prácticamente todas salvo algunas excepciones, están desapareciendo, a priori no parece una buena idea. Sin embargo pienso todo lo contrario: hablar del porqué de las revistas culturales en nuestra tierra, no es hablar de algo muerto; pocas cosas hay que tengan más vida que la manera de hacer cultura y periodismo que propusieron muchas de ellas ya extinguidas.

En aquéllos lugares donde aparecieron y a pesar del paso del tiempo, su obra sigue tan viva como la de los escritores que las fundaron y lucharon para que se mantuvieran a lo largo de los años. En solo un lustro cerca del 25% de las cabeceras tradicionales de las revistas han desaparecido. La realidad de un Gobierno que reduce subvenciones en más de un 40% para estos medios deja una espiral de desesperanza ideológica a un sector tan importante como es el de la transmisión de ideas, la objetividad y la riqueza de la cultura interior. Es precisamente la enemistad que profesan algunos jerarcas del PP con ciertos sectores de la cultura, a quienes consideran enemigos, y a los que profesan odio, resquemor y miedo por sus críticas culturales, lo que les lleva a negarles el “pan” retirándoles cualquier tipo de apoyo. Precisamente porque no soportan el libre pensamiento, lo cual es una muestra más de la falta de democracia que se respira en un país ya derrumbado por la corrupción. Esto causa un daño enorme a todo el tejido cultural.

Es en el campo específico de las revistas culturales y de pensamiento, donde los gestores del Ministerio de Educación y Cultura van a pasar a la historia por ser los perpetradores del mayor culturicidio conocido en la historia moderna de nuestro país. El actual Secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle, ha roto, suprimiendo las suscripciones públicas a ciertas revistas y discriminando gravemente algunas publicaciones, un nexo que mantenía vivo el espíritu cultural en revistas independientes alejadas del nepotismo, la exclusión o la discriminación por razones ideológicas o de otra índole. De momento, 29 revistas pertenecientes a la Asociación de Revistas Culturales de España (ARCE) ya han tenido que cerrar, y otras varias están a punto de hacerlo, justificadamente o no. Eso no importa. Lo que importa es que las que quedan les sean fieles y serviles.

La comisión ‘ad hoc’ nombrada a dedo por el señor Lasalle y sus subordinados, y en su mayoría por funcionarios dependientes de él y de otros organismos bajo la tutela del PP, ha tenido la desvergüenza de justificar decisiones negativas hacia revistas culturales en base a, según ellos, el nulo interés o relevancia como revistas culturales y de pensamiento. Todo ello en flagrante contradicción con lo que muestran otros indicadores objetivos de citación y relevancia y de lo que ha podido ser una práctica continuada durante años y un trabajo minucioso por parte de los que han dirigido tales revistas.

El intento de tapar la boca a una revista o intentar vetarla, como ha sucedido siempre, no es más que una práctica sectárea practicada por falsos liberales, que aún no han sabido entender el sentido profundo del ‘Estado de Derecho’, ni saben lo que significa el respeto a la pluralidad, ni la aceptación de la crítica. Estos falsos demócratas de salón, vestidos en ocasiones con jubones de intelectuales, lo único que hacen es estrangular la cultura practicando ese nepotismo interesado en el que se premian a ellos mismos en sus propias publicaciones, mientras que castigan y excluyen a los que no comulgan con sus ideas o intereses. Es intolerable y refleja el punto de descomposición al que algunos sectores políticos han llegado.

Los periódicos cada vez se vuelven más y más monótonos, confusos y repetitivos, colocando las mismas noticias día tras día, repitiéndolas en los noticieros de radio y televisión. Leer los periódicos se ha convertido en algo tedioso que aburre y deprime. Es fácil entender por qué cuando uno va a una consulta médica, a una clínica o cuando viaja en avión, lo que se encuentra son revistas, y no importa si son actuales o de hace dos años, uno las lee y es capaz de disfrutarlas y enriquecerse con ellas, igual que si la revista fuera de hoy. Las únicas similitudes que encuentro es que ambos, los periódicos y las revistas, están hechos de papel, también que casi siempre están escritos por periodistas. Todo lo demás es diferente, pocas veces un periódico está escrito por verdaderos escritores; los periódicos se hojean y luego se tiran al contenedor de la basura, en cambio las revistas se guardan, a veces sin leerlas, pero con la ilusión de robarle un rato a las ocupaciones diarias para sentarse a disfrutarlas.

Han sido las revistas las que han revolucionado en casi todas las épocas el estilo periodístico. A ellas se les debe mucho, por ejemplo, el estilo del reportaje moderno y el cultivo de un nuevo tipo de crónica vinculada al descubrimiento de hechos encubiertos y ocultados por los tentáculos invisibles del poder. Las revistas nunca han sido el vagón de cola en el tren del periodismo, es más bien al contrario, pues han estado a la vanguardia en muchas de las principales coyunturas de su historia.

En idioma español la palabra “revista” significa además “segunda vista”, examen hecho con cuidado y diligencia. En idioma inglés la palabra review, que antiguamente llegó a designar también las publicaciones de esta clase, paradójicamente en la época moderna ha mutado de nombre por “magazín”, que significa “almacén” y “cámara o depósito para cartuchos en armas de repetición”. Es precisamente, y frente a la competencia de la televisión y de la radio, donde vemos que el examen minucioso de los hechos que ocurren, es el que le da al periodismo escrito una perdurabilidad, una profundidad, y por ende, una importancia mayor. Las revistas se han convertido en el mejor espacio para preservar ese estilo de hacer periodismo.

Quiero hacer una reivindicación de las revistas por muchas razones. Algunas de ellas, en apariencia elementales, esconden razones más profundas. Primero de todo reivindico lo que es el tamaño de las revistas. Son pequeñas, tienen dimensiones humanas y se pueden leer en cualquier lado sin necesidad de doblarlas, sin temor de molestar al compañero de viaje cuando uno pasa la página. Son más manejables. Ese tamaño ideal obliga a manejar un universo más limitado que el del periódico; tenemos que ocuparnos de menos cosas pero a la vez hay que hacerlo de una manera más profunda y ordenada. La lectura empieza a estar en desuso y son precisamente ellas, las que están hechas para seguir avivando la llama del enriquecimiento cultural, son las únicas que pueden conseguirlo.

Otra de las razones por la que reivindico las revistas es que, al contrario de lo que pasa con los periódicos, donde están condenados a repetir rutinas de producción, en una revista se han eliminado muchas de las barreras generadas por la división del trabajo: se puede ser el redactor, el editor, a la vez que el diseñador; se puede llegar hasta los artes finales de la publicación sin caer en el tedio y la repetición.

Una tercera razón es la influencia que las revistas tienen en la cultura. Es difícil entender muchas de las culturas, no solo de nuestra ciudad o país, sino de cualquier otro país hispano sin ciertas revistas. Por ejemplo es difícil comprender la moderna narrativa mexicana sin Plural o Vuelta, igual que la uruguaya sin Sur o la literatura cubana sin Orígenes. Además, las revistas tienen una vitalidad singular. Aparecen por todas partes. Mueren. Resucitan. Desaparece una y nacen tres.

Las revistas son uno de los últimos reductos de la prensa donde se puede hacer periodismo integral, no solo se trata de satisfacer las necesidades de su público, sino que se crea para desarrollar esas necesidades y estimular a sus lectores para engrandecer su conocimiento, el de su realidad cultural. Es sobre la base de un agrupamiento homogéneo de cierto nivel y especialmente con cierta orientación, donde podemos apoyarnos para construir un edificio cultural completo, autárquico, comenzando desde luego por la lengua.

La última de las razones que voy a esgrimir, es que en medio del maremágnum informativo creado por la televisión, la radio y la prensa diaria, las revistas –y especialmente las culturales- tienen un papel cada vez más importante: el de explicar las cosas, ahondar en las causas de los problemas que nos acucian, el de servir de espacio de discusión, el de comprobar y cruzar datos de todas las partes, mostrando coherencia dentro del caos en que vivimos sumergidos, y gastar hojas y hojas en todas esas cosas que a los periódicos les parecen intrascendentes pero sin las cuales todo se nos haría más cuesta arriba. Hablo de la música, de la poesía, de la pintura, de las novelas, del teatro, de los cuentos, de la vida diaria. Dar la palabra a esos espeleólogos, geólogos sin oficio conocido, que se pasan la vida estudiando, que estudian por vocación autodidacta, las cuevas, las montañas, la topografía, la arquitectura o la flora y fauna, tratando de ser oídos pero oídos en silencio. Abrir las puertas a los antropólogos, a los sociólogos, historiadores y demás integrantes de nuestra cultura.

Hay muchos ejemplos de lo que las revistas en nuestra provincia supusieron para nuestro progreso, una de ellas es la revista Canelobre, una revista que englobaba la cultura y la sociedad alicantinas de mediados de los años 50.

Amo las revistas. Ellas, junto con los libros, es el último refugio que nos queda para hacer un periodismo de tamaño humano, un periodismo que no desaparezca en el breve espacio de un día y una noche, un periodismo que, en suma, nos diga lo que somos.

Una ciencia que no se difunde no es ciencia, por lo que nos hemos dado a la tarea en REA (Revista de Estudios Alicantinos) de buscar diversos espacios de divulgación para abarcar el espectro más amplio de lectores respetando la cultura y los valores clásicos de nuestra tierra, Alicante, y hacer lo más visible posible nuestro trabajo. Lo haremos buscando la máxima objetividad, destapando lo que la gente de la calle debe conocer y que otros se apresuran a esconder. Y desde la independencia absoluta, por supuesto, para escapar a todo este sistema de intereses políticos y culturales. REA es necesaria en nuestra ciudad para asumir, sin depender de subvenciones ni vetos, la cultura a todos los niveles. Finalmente, queremos mencionar que la  Revista de Estudios Alicantinos es un espacio abierto que recibirá colaboraciones de académicos de múltiples temáticas; el contenido será responsabilidad de los autores, por lo que el objetivo de la revista es servir de puente de comunicación entre el autor y el lector. Es evidente que uno de los objetivos primordiales y la aspiración más grande de una revista cultural es durar, permanecer en el tiempo, durar más que un periódico, aparte de compartir un conocimiento veraz, objetivo e independiente.

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