Concluyó “al fin” el esperpento del Festival de Música de Alicante

ANTONIO MORATÓN | REA nº 1 | Publicado en Octubre de 2013

Se terminó y estamos contentos, a la vez que tristes. El balance final del Festival de Música Contemporánea de Alicante (FMA) fue, desgraciadamente, el de un cierto fiasco que se deslizaba poco a poco y que se leía (y se oía) entre líneas, un signo de la cultura de nuestro tiempo: el de la decadencia.

La facultad de los grandes compositores de siglos anteriores residió, además de su talento netamente musical, en codificar la filosofía, la emoción, la pasión con la que existieron, y esto ha quedado registrado en el código genético de su música. Precisamente por ello a fecha de hoy el público seguía reclamando esas configuraciones sonoras que llamamos música. Sin embargo, con el siglo XX llegaba la especulación con el arte, los medios de masas, la popularidad barata, la carencia de sentido cuando el sentido sólo parece ser llamar la atención. Lo más triste de este derroche de dinero público es el hecho de que el público no estaba interesado en lo que se le ofrecía, luchando para no sucumbir a la musicofobia que parece proponernos el desatino de los tiempos.

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29 Festival de Música Contemporánea de Alicante

Desde Alicante se han financiado con dinero público auténticos esperpentos, todo ello solo gracias a políticos culturales, de los que han estudiado derecho y a su vez no suelen tener la menor idea de aquello que gestionan, sea música, arte o literatura. Con mecenas como los Wesendonk, que pagaron muchos años de manutención y deudas a Richard Wagner, logramos una obra como ‘Tristán e Isolda’, y benditos sean los Wesendonk con todos sus complejos de época y de clase… Pero para llevar adelante obras como por ejemplo, las de Carles Santos, la gente cultivada, con gusto, con conocimiento, no sirve: hacen falta nuestros maravillosos políticos de la cultura, esos hombres trajeados que se dedican a salir en los periódicos y a vanagloriarse con palabrerías de frescor financiero.

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Maquinofòbiapianolera en el FMA

La comunión entre esperpento y decadencia tuvo su punto álgido con la presentación del artista CaboSanRoque, un artista que llevaba más de diez años sacando música de instrumentos creados a partir de objetos tan variados y comunes como lavadoras, máquinas de coser, grapadoras, puertas chirriantes y demás, alguno de ellos encontrados en los mismos contenedores de basura de nuestras calles, y también sacando subvenciones para poder estrenar tan alucinantes elucubraciones sonoras, porque de lo contrario, ¿Cómo financiar semejantes esperpentos? Sólo con políticos decadentes.

A estas alturas ya del siglo XXI, me escandalizan mucho más los entresijos de la crisis económica, con sus aberraciones bancarias, que estos escándalos hechos a mano y a máquina, estos escándalos planificados, estos escándalos diseñados, a fin de cuentas, para llamar la atención y que ya no llaman la atención de nadie, solo la vergüenza de lo que se hace con el dinero de los contribuyentes.

Pero en el Festival no solamente hubo derroches, también mezquindad, echamos de menos en todos sus actos cosas tan elementales como un buen programa de mano, y no un mini folleto como se entregaba, no sabemos si motivada por los tiempos de crisis en los que vivíamos, y que seguimos viviendo, o por el descuido de una organización que no se molestaba en solicitar su realización a nadie, pero es evidente que daba una imagen al público muy empobrecida de la representación musical, un púbico que también en crisis, no olvidemos, pagaba su entrada.

Simplemente sacando números, el comisionado e impresión de un programa de mano digno para cada concierto de la temporada habría costado alrededor de 200 euros por unidad, lo que, con un total de 10 conciertos significaría unos 2.000 euros. Mucho menos -muchísimo menos- de lo que cobra el diputado de cultura de Alicante cada mes, sin contar dietas, desplazamientos y otras muchas gaitas sufragadas, o de lo que cobra la Sra. Jover Sapena, directora del Gabinete de Comunicación de la Diputación de Alicante, y todo eso a cambio de no tener una formación específica y concreta para llevar correctamente el área de cultura… Esto es la política cultural española, y especialmente la alicantina. Así pues, a falta de recortes de verdad donde debiera haberlos, no hubo programa de mano en la sala de conciertos de Alicante.

En resumen, el último festival del 2012, que perdió por el camino incluso sus siglas de identidad, dejando de llamarse “contemporáneo”, ha sido el fracaso final, sin verdaderos compositores comprometidos con ideas, sino musikanten perdidos en busca de sonidos sin significado, donde nadie parecía haber comprendido el concepto de estructura, ni el de profundidad, que nos dejó como desenlace un sabor agrio y los tímpanos horrorizados y profanados por el estupor del ruido sin más.

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FMA

Se esperaba un cambio de rumbo y sobretodo “criterio profesional” y “conocimiento” por parte de quienes se gastan el dinero en chorradas campestres como las que hemos tenido que soportar festival tras festival, con la penuria de que quienes lo organizaban, posiblemente, consideraban imbéciles a los oyentes. No todos lo somos… y a pesar de que esto se ha terminado, no conseguirán causarnos la musicofobia a quienes la amamos, la comprendemos y estamos preparados para distinguir al genio de la vulgaridad y la tomadura de pelo.

Después de todo esto, aún se atreven a decir ahora que es la crisis la que se ha llevado por delante a un Festival que se venía celebrando durante 28 años consecutivos, un Festival que se había convertido en el único escaparate para la composición de la música del siglo XXI. El escaparate pasará a llamarse ahora Alicante actual y me pregunto qué tendrá de actual, o de clásico, o de decadente, pues estará formado por una serie de conciertos aislados que incluirán supuestamente obras de compositores clásicos y solo una de las piezas será de un autor vivo. Esto y en la Alicante actual que vivimos, suena más a favoritismo y amiguismo que al comienzo de la carrera de algún nuevo joven talento.

El Diputado de Cultura de la Diputación de Alicante, Juan Bautista Roselló Tent, del PP, ese Diputado que tiene la necesidad de vetar artículos culturales de opinión, como los míos en medios de difusión pequeños, por ejemplo revistas electrónicas en internet, comunicó que mediante estas medidas pretenden “ahorrar y ajustar presupuestos”, ¿no será señor Diputado de Cultura, que estamos en una época, que por desgracia aún mama de reminiscencias franquistas, en la que la política cultural no es solo intentar “tapar la boca”, vetar, ningunear, sino también limitar a la misma cultura, empequeñecerla, con el objetivo de alejarnos aún más de ciertos valores, para seguir transformándonos en una especie de “masa no pensante e ignorante”, cada vez con menos capacidad de reacción y mayor pérdida de identidad? No me extraña que pueda convenir con la que cae y con la que seguirá cayendo, por eso desde el mismo Gobierno se veta incluso la constitución de una fundación para los festivales de Alicante. En algo sí le daré la razón, para hacer lo que estaban haciendo, mejor quedarnos todos en casa contentos de que este esperpento haya terminado.

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D.E.P. 29 FMA

Eso sí, como novedad habrá conferencias en la Universidad de Alicante y en el Conservatorio. Gracias señor Diputado. Conferencias pagadas por todos, eso sí, para eso sí hay inversión, para becas no, triste, muy triste el panorama actual de la cultura alicantina. Que los dioses nos prendan confesados.

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