Bayreuth 2013: bacanal de abucheos en la Colina Verde

ANTONIO MORATÓN | REA nº 1 | Publicado en Octubre de 2013

El festival 2013 ha comenzado con una programación de las óperas de juventud de Wagner: Rienzi, Las hadas, La prohibición de amar, pero que en lugar de ser representadas en el Festspielhaus, como viene siendo habitual, lo han hecho en el Oberfrankenhalle, una sala donde se ofrecen conciertos de rock y partidos de baloncesto, y que no reúne, por supuesto, las más mínimas condiciones acústicas para una ópera wagneriana.

Bayreuth presenta el aspecto de siempre a pesar de ser este el año del bicentenario: antes de acercarse al auditorio se vislumbra un enorme cartel que oculta aún los andamios del edificio. En el bicentenario de Richard Wagner se ha puesto en escena una nueva producción de El anillo de los nibelungos. El director de escena elegido es Frank Castorf. Desvelaba pocas cosas sobre su trabajo pero solo la descripción “un viaje hacia la conquista del petróleo, el verdadero oro de nuestro tiempo” ponía ya los pelos como escarpias, y no de emoción precisamente.

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El anillo, Bayreuth 2013

La ejecución musical ha estado a cargo del ruso Kirill Petrenko, ex director musical de la Ópera Cómica de Berlín y, a partir de septiembre, director de la Ópera Estatal de Baviera en Munich. Ya dirigió el anillo completo en 2001.

La temporada se abrió el 25 de julio con la reposición del Holandés Errante de Jan Philipp Gloger, que fue terriblemente abucheado en el 2012 y algo mejor asimilada en esta segunda ocasión, aunque igualmente recibió abucheos.

Todos esperábamos del enfant gâté de Frank Castorf exactamente lo sucedido. Estos  niños mimados de la escena teatral que desvirtúan el arte con subterfugios “innovadores” a años luz de la fuente original wagneriana, molestan no solamente a un público que supo reaccionar y protestar, sino a cualquier seguidor de las obras del extraordinario compositor alemán de los que no tienen el honor de “sufrirlo” en tan codiciadas butacas.

En El oro del Rin que pudimos ver el 26 de julio nos encontramos con unas vampiresas Hijas del Rin con exceso de maquillaje, algo que choca al buen gusto en exceso con imágenes en primer plano, y un Rin que muta a piscina de motel de carretera, con sus chulos y demás “profesionales”. Al final del primer acto se escucharon quejidos lóbregos desde algún sector del púbilco, posiblemente debido a algún nuevo sacrilegio escénico. Abucheos. Solo abucheos pudimos oír tanto durante como, sobre todo, al final de la misma.

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El anillo, Bayreuth 2013

El día 27 de julio se representó Las Valquirias, que calmó un poco los ánimos para desatarse de nuevo la tormenta con el grotesco Siegfried. Es en el Siegfried, que se representó el 29 de julio, donde encontramos la mayor de las muestras de la decadencia escénica: el personaje, ridículo a la par que obsceno, cambia su obligatoria espada por un rifle Kafelnikov, prostituyendo la imagen y mitología que envuelve la obra clásica. Capitalismo, petróleo, dinero, armas, corrupción, drogas, ¿adónde vamos a parar? Sabemos que no es lo mismo libertad que libertinaje, pero ambas se dan en esta representación, libertad a la hora de interpretar o cantar de una manera u otra, libertinaje a la de hacer escénicamente lo que se quiera; Richard Wagner también escuchaba a sus cantantes, y les entendía, pero la forma de conseguir un resultado magnífico no era, falto de personalidad, permitiendo manga ancha y libre albedrío, sino practicando una y otra vez, cien veces, mil si era necesario. Había que llegar. Ahora, además de no poder escapar a la degeneración capitalista ni tan siquiera en el teatro wagneriano por excelencia, tenemos que presenciar representaciones faltas de personalidad, fuerza y calidad. No extraña que en mitad de la obra un espectador tuviera que ser evacuado después de sufrir un mareo cuando el héroe Sigfrido acababa de matar, con ayuda de una metralleta, a su rival, el orgulloso gigante Fafner. Menos mal que se prometió al público que los disparos de fuego no causarían daño en sus oídos, o a lo mejor es lo que desean, para que la siguiente temporada cambien los abucheos por alabanzas.

Las directoras del festival y biznietas de Richard Wagner, Eva y Katharina, no hacen nada para evitar que, año tras año, el Gran Festival sea un escándalo, y el de este año 2013, un caos y un fracaso: malas decisiones de los organizadores, pleitos entre directivos… Que el director de orquesta Andris Nelson se abra la cabeza con una puerta no es más que una anécdota y algo que puede ocurrir en un teatro, pero lo que no puede ocurrir nunca es que este no tenga sustituto para dirigir Lohengrin; si a todo esto añadimos que entre las dos directoras, Eva y Katharina, no se dirigen la palabra y que no están ni tan siquiera presentes en El oro del Rin, porque para ellas son más importantes los compromisos monetarios que las obras de su bisabuelo Richar Wagner, rozamos ya el esperpento. Bayreuth prohíbe la conversión de representaciones clásicas en innovadoras, ¿por qué las biznietas no respetan estas voluntades? Si Richard levantara cabeza desheredaría a más de una.

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Fasolt (Günther Groissböck) y Fafner (Sorin Coliban). Bayreuth 2013.

De cualquier forma, todo quedó en agua de borrajas pues Frank, lo único que provocó fue indiferencia, hilaridad y en ocasiones, desesperación. ¿Es posible que toda esta modernidad no provoque ya nada en el público? Después de seguir durante tres lustros este festival, puedo decir que sí, los viejos wagnerianos conservadores de antes prácticamente se han extinguido, ahora son más tolerantes, menos seguidores reales de Wagner y del culto a la Colina Verde. Da igual que haya que esperar varios años para conseguir una entrada. Pero la arrogancia y el egocentrismo no vivió todo su esplendor hasta que tras el El ocaso de los dioses, representado el 31 de julio, y un estruendoso abucheo, Frank dedicó gestos jactanciosos de falta de respeto. “Ya tiene su escándalo”, escribe en Die Welt Lucas Wiegelmann, y claro que lo tiene, pero se olvida de que estos escándalos solo sirven para la televisión rosa, no para engrandecer su carrera. Muy al contrario, la oscurecen. Eso sí, hablan de él. Objetivo conseguido.

Kirill Petrenko sin embargo no defraudó. Es un ejemplo de humildad, muy diferente a su colega, el director de escena. Debutante en Bayreuth preparó concienzudamente su actuación en la Colina Verde consiguiendo una gran armonía entre orquesta y coro, sabedor eso sí, de que su éxito supondría el mejor de los preludios para su ascenso y con él relevar a Kent Nagano, al frente de la Ópera Estatal de Baviera.

Ulrich Burkhard en el papel de Mime y Günther Groissböck como Fasolt resultaron magníficos. El resto del reparto, estuvieron más bien justos. Wolfgang Koch como Wotan, algo soso. Especialmente bien estuvo la Sieglinde de Anja Kampe, gran triunfadora de la noche, sin embargo se quedó a medio camino la Brünnhilde de Catherine Foster en el momento crucial del primer canto.

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Bayreuth 2013: el Bicentenario.

El público, y a pesar de su avidez por disfrutar de una nueva entrega, cual fiera hambrienta para la que comida ajada es buena, se encontró con alfalfa y no pudo salir de su estupor más que abucheando al director berlinés. No conforme con esto, Frank hizo gestos irrespetuosos al púbico de Bayreuth en lugar de asumir y aceptar con resignación al respetable, que al fin y al cabo es juez supremo y quien paga la entrada.

En definitiva, el señor director Frank Castorf podía guardarse su vanguardismo y provocación para estropear obras de menor calibre, y no dejarnos con un sabor tan agridulce que tan poco transmite sobre el escenario de lo que es la cumbre del germanismo operístico. Por otro lado, esperamos que las herederas, cuyo mandato termina en 2015, no convenzan al patronato rector del festival para prolongar la agonía a un teatro y un público que más que agonizar, se extingue. Un teatro en el que ya solo nos queda la música, pues la escenografía ha desaparecido y las voces son insuficientes. No sé lo que se representa. Lo que sí sé es lo que no se representa: a Richard Wagner.

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