Almudena Ariza fracasa en la corresponsalía de Nueva York

Alejandro Fortes  | REA nº 17 | Publicado el 22 de Marzo de 2015

Almudena  Ariza recibió un severo comunicado de condena publicado por la Asociación de Cronistas de Espectáculos de Nueva York. A la vista de la gravedad e irresponsabilidad de lo hechos, se hace necesaria una evaluación de toda la situación contextual y de cómo se está desarrollando desde el punto de vista de los trabajadores de RTVE que completan esta entrada sobre el tema.

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A nadie le cabe duda alguna sobre la valía de muchos profesionales de RTVE, sean presentadores, montadores o grafistas. El problema que está saliendo a la luz, a raíz de esta insólita situación, es el hecho de que los sueldos encuentran injustas y grandes diferencias según sean grafistas, montadores o presentadores.

Las “caras famosas” de nuestros equipos lo son porque hay una señal de tv que las transmite gracias a una infraestructura creada por compañeros y mantenida por el dinero de muchos años de impuestos a los ciudadanos españoles, en España o en el exterior. Es importante recordar que RTVE no nace con vocación de contratar  estrellas de la pantalla para dar sus noticias en los platós ni tampoco en el extranjero, sino de ofrecer una información de calidad a su audiencia, que paga a esos profesionales.

Con el paso de los años, esta ética de gestión se ha ido viendo afectada por el devenir neoliberal de los tiempos, y la cadena ha ido haciendo excepciones que se han convertido en regla. Hace ya tiempo que se habla, quizá con un lenguaje demasiado despectivo, del “chollo de ser corresponsal en RTVE“. Es cierto que la expresión es irrespetuosa, pero también es cierto que los precios que han alcanzado nuestros compañeros son obviamente una irresponsabilidad y una falta de equidad por parte de la gestión de la cadena “desde arriba”.

Si RTVE ha servido de plataforma para que ciertas caras se volviesen famosas por la obvia razón de situarse como portavoces de la noticia frente a la cámara y del trabajo de muchos otros trabajadores cuya contribución es esencial aunque cuyo rostro sea invisible, no les da derecho a aprovecharse de esa circunstancia y negociar precios altísimos y desproporcionados en comparación a las terribles condiciones en las que la cadena entera se está desenvolviendo.

El caso particular de Almudena Ariza, nuestra actual corresponsal en Nueva York, ha puesto de manifiesto un caso de trato de privilegio. El comunicado de condena de la agrupación periodística independiente latina más antigua de los EEUU, que tantos premios ha otorgado a trabajos de RTVE como producciones de TV y teleseries (éste año sin ir más lejos, a la serie “Isabel”), la Asociación de Cronistas de Espectáculos de Nueva York, pone de manifiesto un uso irresponsable de su posición al frente del despacho de Nueva York. Las conclusiones, las pruebas evaluadas, el comunicado, y la evaluación del mismo, que están actualmente en poder del Consejo de Informativos de RTVE, no dejan lugar a dudas. Lo que deja mucho que desear es por qué, ante la evidencia de la situación, Almudena no se disculpó en su momento, y en lugar de eso decidió actuar de manera prepotente y arrogante.

Esta prepotencia y arrogancia solo puede proceder de quienes se sienten privilegiados dentro de la corporación, y esos privilegios siempre vienen de arriba, aunque en esta ocasión se ha encontrado con una resistencia tan justa como insólita. Cuando, al emitir el comunicado, RTVE en lugar de amonestar o desplazar de la corresponsalía a Almudena, decide incurrir en nuevos gastos pagando a una firma de abogados en EEUU para amenazar a una asociación de prensa independiente para que retire el comunicado, basado en pruebas irrefutables, lo único que ha conseguido es demostrar el trato de privilegio, la absoluta falta de autocrítica de Almudena, la falta de códigos éticos periodísticos y su aplicación, y lo injustificado de un sueldo, cifrado en casi 200.000 euros brutos al año para Almudena, al que la periodista no le hace justicia.

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Al margen de esto, sabemos que se podría mantener esa y otras corresponsalías con sueldos más reducidos, lo que ayudaría a aligerar la ya de por sí maltrecha bolsa  de la cadena, pudiendo así mejorar otros sueldos que están en situación precaria o posibilitando nuevas contrataciones.

Si Almudena, como otras caras conocidas, decidiese que una reducción de sueldo no fuese suficientemente buena, siempre podría recurrir a la competencia de mercado y buscar esa competitividad de precios al alza en las cadenas privadas, que para eso están.

Al final, todo esto demuestra que la privatización de lo público en España conduce a la precariedad general junto al privilegio particular. Sin poner en duda la profesionalidad de Almudena en su trabajo, que la tiene y la ha demostrado en otras áreas de cobertura como corresponsal más acordes quizá con su caracter, formas y proceder, es necesario dejar claro que lo que ha hecho está a todas vistas mal, ha sido un error de primera que se ha ido agrandando por una simple y absoluta carencia de autocrítica por parte de ella, y posiblemente este error va a costarle en realidad más caro a la imagen de RTVE que a ella, a quien parece darle exactamente igual el trabajo de los demás.

Decirle a un realizador quien, después de cinco años de trabajo y sin ningún tipo de ayuda económica en producción, reconstruye la historia de la emigración española en los EEUU y en el barrio español de Nueva York, que “nunca informaría de sus trabajos, en el caso de que existiesen”, es una declaración de nepotismo intolerable, porque en RTVE, que quede claro, tabajamos por el interés de nuestra audiencia, quien nos paga para que seamos neutrales y para que hagamos nuestro trabajo lo mejor posible, y no nos sobrepaga para que alimentemos nuestro ego y actuemos en puestos de responsabilidad de acuerdo a simpatías o antipatías infundadas que pongan en tela de juicio nuestra responsabilidad para con nuestra audiencia.

Si a eso añadimos los insultos enviados de manera gratuita al director por parte de Almudena como jefe de la corresponsalía, es necesario añadir que desde luego ha olvidado el “abc” del periodista: tener educación y consultar las fuentes, y basarse en pruebas contrastadas y no en injurias anónimamente distribuidas. Crearse ideas tan negativas de personas en base a dimes y diretes parece propio del “vecino del tercero” o de la “panadera de la esquina”, cosas que no pueden confundir o determinar los juicios de ningún periodista que se precie de serlo, pero menos aún de una periodista sobrepagada hasta el mimo como es Almudena Ariza.

Finalmente, añadir de manera sosegada el malestar de muchos trabajadores por todas estas cuestiones, adjuntando una disculpa por la cual no podemos firmar abierta y directamente ninguna clase de opinión en ningún medio, porque ya pueden imaginar que, o mucho cambian las cosas, o de momento la cadena sigue funcionando como casi todo lo demás en España. Los privilegios de Almudena en EEUU no dejan lugar a dudas.

También tenemos que informar de que esos privilegios no sirven de mucho, y de que los gastos incurridos en la contratación de los abogados para “ocultar los errores” de Almudena solo han servido para engrosar las facturas de la cadena en lugar de proceder  según un código de asunción de resposabilidades, porque la ACE literalmente ha  tumbado y echado por tierra las acusaciones de estos abogados y el comunicado no solo sigue en su sitio, sino que ahora tiene más fuerza y más vigor que antes. ¿Y qué esperaban, en un país como EEUU, donde la libertad de prensa es sagrada y donde los casos de corrupción o nepotismo en instituciones publicas acaban con la renuncia al cargo en menos que canta un gallo?

Es necesario aplaudir a una asociación de prensa independiente que es capaz no solo de elevar su voz, sino de protegerla frente a amenazas infundadas cuyo único fin es sileciar hechos vergonzosos y no probables, sino probados.

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